viernes, 22 de enero de 2010

Lo que fue, no será.


Últimamente, cada persona que me ve dice que estoy resplandeciente, no sé si es por mi nuevo
corte de cabello o por las pilas recargadas que traje incorporadas de mi reciente viaje a Casita.
Lo cierto es que yo también me siento resplandeciente, quizás porque terminé el año que pasó abrazando personas muy queridas y que no veía hace mil años, o quizá porque empecé este año abrazando personas muy queridas y que no veía hace mil años...
Creo que simplemente no tiene precio todo lo que pasé en estas últimas tres semanas, recargué las pilas de la manera más literal, me abracé lo más posible a mis queridos amigos, pasé el tiempo sin darme cuenta que pasaba y dejé atrás todo lo malo que me estuvo rondando.

Cuando se está con las personas correctas la felicidad no dura sólo unos segundos. La sensación se extiende y permanece en el aire, la relación no es de memoria, sino de sensación, como algo vivo que te atrapa y te toma de las manos. La felicidad queda, se mantiene y no se va.
Y esa sensación deliciosa y adictiva me hace brillar!

Tengo aún el abrazo de mi Estrellita rubia oscura recorriendo mis sentidos. Soy feliz por tenerla, por tener los ojos preciosos de Anel y su inocente manera de confundir todo, por las manos de Catalina y su sonrisa mezclada con suspiros, por los Tres mosqueteros, por Flor y sus abrazos sin final, por Yva y su belleza contagiosa, por Jesús y su infinita ternura, por Rafo y su presencia ausente, por Sofix y su manera mágica de transformar el agua en seres vivos.

Por estar enamorada de mi país, por el Pacífico a mis pies, por el cielo limeño color panza de burro, por las manos de Monina, por la voz que canta dentro mío. Por todo eso brillo y por eso mismo no quiero perder todo lo que me hace brillar.


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