martes, 19 de mayo de 2009

En el borde



Por Clave de Sol


Luego de cuatro años de sigilosa búsqueda, Nino Rojas, famoso por encontrar a los asesinos más buscados, halló en 1992 la pista que necesitaba para completar su investigación sobre la muerte de Lourdes Miró, una anciana encontrada muerta en su casa, con la cadera destrozada.


Lourdes se dedicaba a enseñar música en una escuela, su instrumento preferido era el violín y se especializó en pequeños que ella creía que eran especiales, niños genios, fuera de lo común.
El detective empezó su búsqueda por solicitud de la familia de la victima que, al parecer no tenía enemigos, ni nadie que la odiara tanto como para matarla. Todo indicaba que se trataba de un asesinato, pero, ¿quién sería capaz de matar a una tierna ancianita y por qué lo haría?
Aquella noche, revisando una vez más las pertenencias de Lourdes, movió el violín y sintió que algo estaba suelto en el interior del estuche, sacó todo y algo seguía sonando en el interior, sin más remedio destapó el estuche y removió el fondo, ahí encontró una foto, en ella se veía a un hombre sentado en una orilla hacia el río.
La foto no le decía nada pero el escondite era importante. Lourdes no se separaba nunca de su violín, era para ella el objeto más importante que poseía y le había dedicado a la música, prácticamente, toda su vida. Si la foto estaba ahí era para Lourdes tan importante como su violín.

El detective, entonces, recordó rápidamente que Lourdes poseía una casa en las afueras de la ciudad, que usaba en las vacaciones, la casa estaba cerca al río y era posible que la foto hubiera sido sacada en ese lugar.
Pidió permiso a la familia y se dirigió hacia la casa de campo. Era una casa muy pequeña, rodeada de un inmenso jardín, al entrar sintió un calor especial, un calor de hogar.
En la cocina se notaba que alguien acababa de comer, la casa no estaba sola.
El detective subió a la habitación principal y vio todo ordenado y muy limpio, buscó entonces en el armario y encontró una caja que contenía cartas, las hojas eran amarillentas (un blanco mate ensuciado por el paso del tiempo y por la humedad) y semi enceradas.
Eligió una al azar y vio que la tipografía era clara y no muy chica, además el escritor dejaba algunos espacios entre los textos y contenía algunos dibujos como bosquejos de cuidaros, eligió otra en la que se repetía lo anterior, pero esta vez tenía dibujos de partituras y correcciones.
Nino cogió la caja y se dispuso a salir, al llegar a la escalera vio la sombra de un hombre que corría en dirección al río. Entonces corrió para alcanzarlo.
El hombre que escapaba llegó al río y frenó, Nino pudo reconocer que la espalda del hombre de la foto pertenecía a este hombre, que de súbito giró hacia Nino.
-Mi Nombre es Jorge Pratt- le dijo- estoy dispuesto a decir todo lo que quiera, pero ya es demasiado tarde, nada nos devolverá a Lourdes.
Nino se acercó lentamente a Jorge:
-Soy Nino Rojas ¿sabe algo sobre esto?- le dijo mientras le mostraba las cartas-
-Son mías, yo las escribí.
-¿Sabe algo sobre la muerte de Lourdes Miró?
-Sí, fui yo!
Nino Rojas pensó que era una broma e invitó a Jorge a sentarse y a que le explique lo que ocurrió. Entraron a la casa y Jorge preparó té en silencio, ya en la sala le contó todo:


-Las partituras de “El último vals” son mías. Las escribí y las perfeccioné en tres años, Lourdes y yo pasábamos cada verano en esta casa, yo componía y ella interpretaba mis obras. ¡Quiso robarme El último vals! me enteré a tiempo que iba a ponerle su nombre, lo iba a patentar y me lo iba a quitar, pero no sabía que yo ya lo había registrado, así que esa noche fui y la busqué, le pregunté porqué me estaba traicionando y me dijo que era tan suya como mía porque la había inspirado. Yo la amaba…
-¿Usted la mató? ¿Por la partitura? ¿Pero si no logró robársela?
-Discutimos, yo no pensaba matarla, ella cayó por las escaleras, pero yo no quería, cayó y murió, cayó mientras discutíamos…yo no quería… Cuando vi que estaba muerta, limpié todo y ordené el cuarto, luego acomodé su cuerpo en la sala y m fui.
-¿Por qué limpió el cuarto si usted no la mató? ¿Usted la empujó?
-No, no, se tropezó, limpié porque estaba asustado, desde entonces estoy aquí, esperando…
-¿A quién?
-A Lourdes, espero que vuelva y me lleve con ella…
-Me tiene que acompañar a la ciudad, tiene que declarar lo que pasó, la autopsia demostró que Lourdes murió por golpes, muy precisos, pero no por caer de una escalera, ¿Usted la golpeó?
-Sí, pero no la maté.
Jorge se levantó y salió corriendo con dirección al río, Nino fue detrás de él, al llegar a la orilla Jorge dio un salto y se dejó llevar por la corriente. Nino cayó también y nadó para tratar de salvarlo, luego de luchar con la corriente logró alcanzarlo, pero ya era demasiado tarde.
Con el cuerpo de Jorge nadó hasta la orilla, buscó ayuda pero no pudieron hacer mucho.
Volvió a la ciudad. A la mañana siguiente, cansado y sin dormir, fue directamente a su oficina y escribió su informe, antes de enviarlo a las autoridades y a la familia, vio una vez más la caja de cartas encontrada en la casa de Lourdes, encontró un papel blanco, diferente a los otros que le llamó la atención; era lo que faltaba, la última carta de Jorge, su testamento y una nota en la que explicaba todo: cómo murió Lourdes y cómo murió él.

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